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La leyenda del Sátiro de la Bicicleta, un misterio que aún subsiste

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La leyenda del Sátiro de la Bicicleta, un misterio que aún subsiste
El Sátiro de la Bicicleta. Ilustración de Osvaldo Révora.

En esa madrugada despertó sacudido por una especie de cortocircuito. Lo que en realidad se le había filtrado en el sueño fueron los ladridos de los perros del barrio, y los párpados se le abrieron de golpe. Entonces saltó del colchón para asomarse a la ventana. Su pareja, una piba de apenas 16 años, seguía roncando suavemente.

La escena transcurría en una prefabricada que él había levantado sobre los fondos de un terreno situado al sur de Grand Bourg; adelante estaba la morada materna, una casita de ladrillos y techo de chapa, cuyas luces en ese instante también se prendieron. Sin embargo, sus ojos se apuntaban  hacia otra luminosidad: la de unas linternas que se abrían el paso entre los matorrales del baldío lindero; después atisbó los uniformes. Y sobre los ladridos se impuso un vozarrón: “¡Perdiste, Pelusa!”.

Así todos llamaban a Miguel Ángel Ramos, de 22 años. Y aquellos dos vocablos le bastaron para acatar el protocolo de la capitulación. El resto fue casi in inventario. Todo estaba a la vista: el revólver, las joyas, los relojes, una pila de billetes y mucha ropa. Los policías estaban al tanto de su predilección por la vestimenta ajena. Y de su fervor por el ciclismo; de hecho, no tardaron en dar con una bicicleta roja al costado de la vivienda.

Lo cierto es que aquel rodado le causaría a su sueño un disgusto adicional. Horas después, la primera edición vespertina del diario Crónica tituló lo sucedido con las siguientes palabras: “Cayó el sátiro de la bicicleta”. Corría el 3 de marzo de 1972.

En la bicisenda del delito

El jefe de la seccional de Carapachay, comisario Walter Polidori, observaba a Ramos con una expresión piadosa. Y él, con la cabeza gacha, dijo:

–Vea, jefe, es cierto que yo he robado y que, incluso, maté. Pero eso de que me aprovechaba de las mujeres es mentira.

Por toda respuesta, el policía encogió los hombros.

El detenido, después de firmar su declaración, fue conducido a un calabozo.

Desde una celda vecina se filtraba el sonido de una radio que transmitía el programa “Leyendo las noticias”, conducido por Julio Lagos. Este no tardó en declamar una versión algo lavada de lo ocurrido en Grand Bourg, y siempre con su dicción afable, soltó: “Este deleznable sujeto abusó de varias mujeres”. Luego se oyó una canción de Los Náufragos.

Tal vez, entonces, Pelusa cavilara sobre su breve pero intenso paso por el universo del delito. Y quizás aquellas imágenes lo hayan llevado al origen mismo de su historia.

Oriundo de Salta, llegó con sus padres a Buenos Aires a fines de 1955. La familia no tardó en agrandarse con otros dos hijos, mientras el progenitor trabajaba de obrero en una planta automotriz. Pero falleció cuando Pelusa –así ya todos lo llamaban– tenía 15 años.

Al tiempo, la viuda contrajo matrimonio con otro hombre. En aquellas circunstancias, ellos se mudaron a Grand Bourg. Y Miguel Ángel, que había abandonado la escuela sin concluir el sexto grado, se vio obligado a trabajar. Y lo hizo como botellero. Así transcurrió más de un lustro hasta que la madre se separó del segundo esposo y consiguió empleo de cocinera en una fonda de barrio.

A mediados de 1971, el pibe hizo pareja con Ana, seis años menor que él. Entonces edificó la casita del fondo.Todo parecía ir viento en popa.

Pero un episodio accidental lo lanzaría hacia el infortunio: en diciembre de ese año, durante una noche de lluvia, se le soltó del carro el matungo que utilizaba para trabajar. Y a pocas cuadras fue atropellado por un colectivo. Ello, claro, significó su bancarrota. Y sin decir una palabra a los suyos, hizo con sus magros ahorros una intrépida inversión: compró la bicicleta roja y un revólver oxidado, que limpió con esmero para que funcione nuevamente.

En vísperas a la Navidad debutó en las artes del atraco.

Al respecto, durante su forzada estadía en la seccional de Carapachay, no se privó de contarle al comisario Polidori los detalles de su iniciación:

–Robar era mi única salida. Por lo menos, eso era lo que yo creía. Me había propuesto robar un tiempo… nada más que eso. Y después, abrirme del asunto. Mi idea era juntar unos pesos, y dejar.

– ¿Qué sentiste la primera vez que robaste? –le preguntó el policía.

–Muchos nervios. No sabía si me iba a animar. Pero me animé. Y acá me tiene.

Tal diálogo sería luego volcado por Polidori en una declaración judicial.

Lo cierto es que Pelusa era una “rara avis” en el mundo del delito. Sin ningún tipo de educación en el hampa y sin vínculos con otros malhechores, la metodología que desplegó en sus andanzas tuvo una extraña originalidad. Y a tal efecto, supo ser muy puntilloso en el ejercicio del merodeo: seleccionaba a sus víctimas durante los días hábiles al caer el sol o en los fines de semana, ya bien entrada la noche.

Su aspecto esmirriado no despertaba ninguna clase de sospechas, y menos aún el hecho de que anduviera siempre en bicicleta.
Su zona de influencia era Grand Bourg, Villa Martelli y Villa Ballester. Y pocas semanas le bastaron para convertirse allí en una amenaza fantasmal.

Tanto es así que su voracidad por los efectos personales del prójimo hizo que incluso llegara a dejar desnudas a sus víctimas en su afán por sacarles doto. Luego, de manera invariable, desaparecía pedaleando a todo vapor.

En este punto cabe destacar una curiosidad: las crónicas periodísticas de la época le atribuían dos modalidades bien diferenciadas. Por un lado, delitos contra la propiedad sobre hombres y mujeres, sin ultrajar a estas últimas; pero también ataques sexuales sin fines de robo.

Era como si en su accionar sufriera un desdoblamiento psicológico. También resultaba posible suponer –tal como sostenían algunos criminólogos– que en realidad se tratara de dos delincuentes sin relación entre sí. Pero, desde luego, tal hipótesis se desvanecía bajo el peso de las descripciones efectuadas por las víctimas y testigos; todos coincidían en señalar a un individuo esmirriado en una bicicleta roja.

Una parte del enigma no tardaría en develarse.

El tiro del final

La de aquel martes de febrero fue la última noche de Carnaval. Y en el baile del Club Defensores de Carapachay el plato fuerte fue la presentación de Los Iracundos. Pasada la madrugada, Pelusa se dejó caer por allí para observar el desplazamiento del público con el propósito de elegir una nueva víctima.

Pero fue reconocido por una piba a la que había robado unos días antes. Y sin perder un solo instante, montó en su rodado para huir a toda velocidad, mientras los allegados de la víctima –un grupo de diez muchachos– iniciaron una implacable persecución. Lo corrían de a pie. Pero en aquella desaforada carrera también se sumó una motoneta conducida por un tal Oscar Fernández.

Al verse rodeado, Pelusa extrajo su vieja 38 y gatilló varias veces. Una de las balas alcanzó a Fernández en el vientre.

Durante su indagatoria, el juez de instrucción Cirilo Barone le preguntó:

–¿Cómo supo que en la noche del Carnaval había matado, ya que usted huyó sin saber que había ocurrido con él?

–Claro. En principio tuve la esperanza de haber herido a ese muchacho. Como lo había visto agarrarse el estómago, bajar de la moto y caminar unos pasos, no creí que hubiera muerto después.

–¿Cómo lo supo entonces?

–Por los diarios. Al día siguiente compré uno para ver que había pasado. Pensaba que, de haber muerto, saldría en la tapa. Pero no vi nada. Y me quedé tranquilo. Después seguí hojeando, y vi la noticia, pero muy chiquita.

–¿Qué decía?

–Que el muchacho había muerto.

–¿Y usted cómo sabía que era su víctima?

–Por el lugar. Eso fue acá, en Carapachay. Y además porque hablaba del “Sátiro de la Bicicleta”. No había más remedio. Hablaba de mí.

También consta en el expediente su impresión de lo sucedido: “A partir de ese momento empecé a beber para dormir los nervios. Fue una experiencia muy fea, casi alucinante, por la forma en que lo tengo grabado en mi cabeza. Es para volverse loco. Veo una y otra vez esa persecución y el chico herido, tambaleándose. Es horrible”.

Y repitió lo que le dijo a Polidori tras el arresto: “Es cierto que yo he robado y que incluso maté. Pero eso de que me aprovechaba de las mujeres es mentira”.

Tal vez lo haya dicho con la cabeza gacha. Y quizás el doctor Barone haya alzado los hombros.

El 3 de abril de 1972 –a un mes del arresto de Ramos– una estudiante fue violada en una esquina de Grand Bourg. El victimario, según sus dichos, era “un sujeto esmirriado que andaba en una bicicleta roja”.

Miguel Ángel Ramos fue condenado en septiembre de 1975 por robos reiterados y homicidio simple a 15 años de prisión.

Recuperó la libertad en abril de 1984. Y no se supo nada más de él.

En cambio, el verdadero Sátiro de la Bicicleta jamás fue atrapado
 

  

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(Fuente: Télam)

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Violento robo en un country de Guernica: los ladrones ataron con precintos a un hombre y a su hijo de 10 años

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Violento robo en un country de Guernica: los ladrones ataron con precintos a un hombre y a su hijo de 10 años

Un violento robo en un barrio privado de Guernica tuvo como víctimas a padre e hijo, quienes fueron atados de pies y manos por dos ladrones. Los delincuentes aprovecharon la ausencia del hombre de 50 años que había salido a comprar, pero su pronto regreso les cambió los planes.

El hecho de inseguridad ocurrió en una de las casas del Country Parque de Las Naciones. A pesar de haber sucedido a fines de enero, el robo trascendió en las últimas horas, ya que los delincuentes fueron atrapados por la policía, quienes investigan si un vecino los dejó entrar.

Leé también: Detuvieron a dos jardineros acusados de robar 5 millones de pesos de una casa en un barrio privado

Según informó un vocero de la fuerza, el dueño de casa salió alrededor de las 20.45 a hacer una compra a un comercio del country. Al parecer, los ladrones estaban esperando el momento para ingresar. Fue así que, a los pocos minutos, se colaron a la propiedad en donde había quedado un menor de 10 años.

Después de reducir al nene, comenzaron a revolver toda la vivienda en buscA de cosas de valor y dinero. Sin embargo, en medio del robo, volvió el hombre y se quedó sorprendido al ver la presencia de intrusos en su propio hogar. Los delincuentes lo golpearon y lo ataron de pies y manos con precintos. La misma suerte corrió el niño.

A las víctimas las amenazaron con un arma de fuego y les exigieron que revelaran dónde estaba escondida la plata. Fue así que los ladrones lograron apoderarse de más de 100 mil pesos, dos computadoras, todos los celulares de los integrantes de la familia, un cuatriciclo y joyas.

Los objetos robados fueron recuperados por la policía. (Foto: DDI La Plata)

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Denuncia y sospecha de entrega

El dueño de casa llamó al 911 y los policías de la zona acudieron al lugar. Después de revisar las cámaras, los efectivos vieron que los maleantes circulaban en una camioneta Amarok. También pudieron identificar sus rostros.

Este viernes, personal de la DDI realizó dos allanamientos en los domicilios de los hombres. Uno de los operativos se efectuó en calle Avellaneda entre México y Holanda, en Guernica, mientras que la segunda diligencia se hizo en Av. Hipolito Yrigoyen al 2100, en Glew. Allí detuvieron a los ladrones, dos hermanos de 35 y 40 años.

Los ladrones de Guernica fueron atrapados varios días después del robo. (Foto: DDI La Plata)

Los ladrones de Guernica fueron atrapados varios días después del robo. (Foto: DDI La Plata)

Otro dato que alertó a los investigadores fue que los sujetos habrían ingresado al barrio utilizando una tarjeta magnética que solo la portan los propietarios del lugar. Al localizar el dispositivo, descubrieron que estaba a nombre de un vecino del country. Ahora, tratan de determinar si tuvo algo que ver en el robo y si hay más personas implicadas.

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(Fuente TN)

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Detuvieron a una mujer que robó un kiosco en el centro

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Detuvieron a una mujer que robó un kiosco en el centro

Una mujer de 40 años fue aprehendida luego de robar un kiosco en el centro. Tenía mercadería en su poder que fue devuelta al comercio.

Efectivos de Comisaría 1ra fueron alertados por las empleadas de un drugstore ubicado en calle Rivadavia al 2300, que una mujer les había sustraído mercadería y una mochila.

Con los datos de la misma y la dirección en la que se había fugado, lograron interceptarla en Rivadavia y Corrientes.

Se constató además que la delincuente contaba con Comparendo Compulsivo, a solicitud del Juzgado Correccional N° 3 de fecha 6 de enero de este año por Robo en grado de Tentativa.

Se iniciaron actuaciones por hurto en grado de tentativa con intervención de la UFI de Flagrancia en turno a cargo del Dr. De La Canale, quien dispuso se aloje a la aprehendida en el Destacamento Femenino.

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(Fuente Ahora Mar del Plata)

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Chaco | Un vecino habría incendiado la vivienda de una mujer por un parlante

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Un vecino habría incendiado la vivienda de una mujer por un parlante

SAENZ PEÑA (Agencia) – Un vecino es sospechoso de haber incendiado la vivienda a una mujer, cuyo hijo habría sustraído un parlante al primero, lo cual derivó en una espiral de violencia, que se calmó cuando intervinieron las fuerzas policiales.

La vivienda de la vecina del barrio Milenium, que fue incendiada por otro vecino que reclamaba un parlante de su propiedad.

El nuevo incidente se dio en la siesta de este sábado en el barrio Milenium, en una vivienda ubicada en calle 17 y 24, donde la propietaria del inmueble responsabilizó por lo sucedido a un vecino al que conoce por «Toto» quien sería un conocido del hijo de la mujer.

El parlante no aparece

Según informaron fuentes a la que tuvo acceso NORTE, todo se habría iniciado en la mañana de este sábado, cuando «Toto» fue encontrado por la vecina en el interior de su propiedad.

Al preguntarle la mujer, el vecino dijo que estaba buscando un parlante que su hijo se había llevado sin su consentimiento, pero al no encontrar el elemento de sonido, amenazó a la mujer con tomar represalias.

La vecina se ausentó por unas horas y, al regresar a su vivienda, la encontró envuelta en llamas, por lo que tuvieron que sofocar el incendio, con algunos baldes de agua. Posteriormente se desató un enfrentamiento entre vecinos que fue apaciguada tras la intervención de la comisaria Tercera y el COM, reestableciéndose el orden.

Finalmente, la mujer realizó la denuncia correspondiente, responsabilizando al vecino conocido como «Toto», por los daños ocasionados por el incendio en su vivienda, por lo que, minutos más tarde, las fuerzas policiales procedieron a la conducción del supuesto responsable hasta la comisaria Tercera del barrio Juan Domingo Perón.

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(Fuente Diario Norte)

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